Este proyecto, ubicado en San Borja, parte de la idea de crear un dormitorio que acompañe una etapa marcada por el descubrimiento, la imaginación y la construcción de nuevos intereses. Pensado para una niña entre los 7 y 12 años, el espacio busca equilibrar la ternura propia de la infancia con una propuesta capaz de evolucionar junto a ella.
El papel tapiz de mariposas y colibríes se convierte en uno de los protagonistas del ambiente, incorporando un componente lúdico y natural que aporta ternura sin caer en una estética excesivamente infantil. Sus ilustraciones se integran con la paleta de rosados y tonos neutros, creando una composición suave en la que el color aparece como un recurso para dar identidad y calidez.
La distribución aprovecha las diferentes áreas de la habitación para integrar descanso, estudio, almacenamiento y juego. Los muebles se diseñan de manera continua, adaptándose a los muros y aprovechando cada rincón disponible, mientras que la iluminación integrada aporta profundidad y acompaña las distintas actividades del día.
El resultado es un dormitorio que busca sentirse especial y acogedor, donde la imaginación tiene un lugar central. Un espacio que combina la practicidad necesaria para la vida cotidiana con pequeños detalles que construyen una atmósfera propia, pensada para disfrutar, crecer y crear recuerdos.